Vicentico, un faro en la ciudad

El Teatro Diana lució en una noche de colores y la guía de un monstruo latinoamericano

Tan solo unos minutos después de las 21:00 h, se apagan las luces. Encapuchado como un boxeador, un fantasma o no sé qué cosa; arropado de siete músicos y un juego de luces ambar revienta “Freak”, su nuevo “as” con sonido latino que muestra a un Vicentico irreverente y arrebatado. De pronto se desenmascara y bajo un rojo intenso llega “Ya no te quiero” con dos guitarras, un teclado, una batería, un bajo, una trompeta y el “Tano” Martelli en las percusiones, dispuestos a apropiarse de la noche.

Entre un azul y unas guitarras árabes se encuentra “Bajando la calle” aquel “Rey del rock & roll” que ha terminado su acto; yo solo observo al cantante argentino, quien se ve que es un hombre de pocas palabras y no aquel “Otro” frontman de música energética de los años noventa.

Un “Viento” regresa a ese amarillo que de pronto se convierte en violeta al emitir “La carta”, con unos aires de tranquilidad, que pasa de tonos fríos a un rosa y que seduce al entonar “No te apartes de mí”, aquel clásico latinoamericano de Roberto Carlos que remata el primer set acompañado de “Algo contigo”.

La peculiaridad de la voz de Gabriel se funde con el teclado y regala “El aguijón” y “Demasiada presión”, aquellos Fabulosos himnos con los cuales agradece a Guadalajara por el honor y la alegría que le hacen sentir. El recital siguió en la intimidad y continuó al ver al intérprete tomar la guitarra acústica y pronunciar “Canción mixteca” de la mano de “Siguiendo la luna” y “Basta de llamarme así”, en la cual el combo musical que lo acompañaba regresó a escena.

Un “Paisaje” cambia el rumbo de la noche y me puse a pensar que Vicentico es un romántico y que siempre ha llevado esa bandera; pero unos tintes de reggae modifican mi idea al presenciar “Las manos” que hace enlace con la clásica “Radio criminal” de aquel viejo Vol. 5, “Mal bicho” del imponente Rey Azúcar (mi top de Los Cadillacs) y “Hasta siempre comandante”, que sobrepasan los diez minutos en los oídos tapatíos.

“Creo que me enamoré” y “Morir a tu lado” apuntan que la noche va a finalizar, pero el dirigente agradece y concluye con “Solo un momento”, poniendo fin a la tercia novelera de su repertorio.

Era de esperarse un encore, y al ritmo de un son comienza “Vasos vacíos”, que levanta al público de sus asientos, demostrando el conecte y el afecto al bonaerense con un unísono ¡Oé, oé, oé, oé, Vicen-tico!

Tras diez segundos de silencio y de obscuridad tecnológica, el riff de “Los caminos de la vida” buscan coronar el directo entre un juego de cánticos que propone el músico quien lleva la melodía por unos doce minutos. Fue tal impacto de la respuesta que no pudo evitar alejarse del escenario y celebrar con “Yo no me sentaría en tu mesa” por tan emotiva despedida.

Prometí no cantar, no aplaudir, solo observar y escuchar. Esto fue más de lo que esperaba, Vicentico nos regala más que en conjunto.

Por Eduardo Roel.

Fotos: Roberto Mora.

Galería fotográfica: https://revistainstinto.com/vicentico-en-el-teatro-diana-2019/

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