Resumen del Corona Capital 2019: diez historias y que esperar a futuro

El capítulo diez del máximo festival de otoño concluyó hace unos días, y así como otros eventos colosales, pese al resultado, siempre dan de qué hablar y marcan a la escena musical.  La edición más grande del Corona Capital nos dejó recuerdos e impresiones de todo tipo: la grata sorpresa de nuevos actos, la añoranza de ver a bandas históricas, dudas sobre algunas ideas implementadas y muchas experiencias personales que no tienen cabida en una nota, pero que son las que cada uno más rememoremos de este evento.

Mientras todavía tenemos fresco el recuerdo de lo que vivimos el pasado fin de semana en el Autódromo Hermanos Rodríguez, y antes de que nuestra atención se centre en los colosos que están a la vuelta de la esquina (Catrina, Vaivén, Pa’l Norte y Vive Latino); hagamos un repaso de lo que vivimos en el Capital.

Lo que va a sonar fuerte

Keuning / FACEBOOK / CORONA CAPITAL

Como ya es costumbre, el Corona Capital nos trajo a horas tempranas actos emergentes y propuestas alternas, que aunque no son conocidas para la mayoría de asistentes y no suelen convencer a alguien de comprar un abono; dan de que hablar por su empuje creciente o como gratas sorpresas.

Entre lo más destacado de dichos actos tuvimos a los siguientes artistas: Georgia, Brutus, King Princess, Kero Kero Bonito, Car Seat Headrest, Keuning, Mija, Dear Boy y Noah Cyrus. Cada uno de ellos con sonido muy particular, pero son similares en que son actos que han experimentado musical, lírica y escénicamente desde sus respectivos géneros.

La campanada de la tarde de domingo la dio Sofi Tukker, ya que, a pesar de no ser ningunos desconocidos, el dueto congregó a una multitud comparable a la de los actos principales. La presencia escénica de Tukker y su interacción con el público los pone en el pódium de las presentaciones del festival. Lo único que necesitan los neoyorquinos es un megahit y no hay duda que se codearán bien con la crema y nata del pop.

Nostalgia de todos colores

The B-52s / FACEBOOK / CORONA CAPITAL

Aunque la nota retro parecía girar únicamente en B-52s (de quienes vamos a hablar más adelante y no por la mejor de las razones), hubo otros artistas que nos trajeron recuerdos de una época en que no nos reventaba la espalda después de siete horas de música.

Cat Power, Kurt Vile, Phosphorescent y Miami Horror son artistas con trayectorias que se remontan a finales de los 90 y principios de los 2000. Es difícil pensar que vayan a despuntar tardíamente, pero en su momento, sus canciones fueron parte importante de la cultura pop y le han dado color e inspiración al nuevo milenio.

Dentro del escalafón de la nostalgia y como segunda mejor presentación del festival colocaremos a unos que sufrieron mucho con la mala racWeezeha de los Tiburones Rojos del Veracruz: r. Rivers Cuomo y compañía nos han entregado desde Red Album, una prolífica serie de materiales de estudio que, aunque cada uno nos ha dejado sencillos memorables, nos han quedado a deber como obras en conjunto. Esta mala racha la cortaron el año pasado de una manera un tanto tramposa pero disfrutable al lanzar el Teal Album, un recopilación de covers en donde cada uno conserva la esencia original y se mezcla con la actitud de fanboy del rock de Cuomo.

A esa nostalgia por los clásicos de los 80 se suma la que genera Weezer por derecho propio con Pinkerton y el Green Album. Urge que salga Van Weezer.

Y el mejor headliner fue…

Billie Eilish / FACEBOOK / CORONA CAPITAL

El line-up de esta año fue notable por la cantidad de grandes nombres que reunió para presentarse: Billie Eilish, Interpol, The Strokes, The Raconteurs, Nick Murphy, Keane, Bloc Party, Years & Years, Flume y Franz Ferdinand. Cada uno de estos artistas juntó a una masa de fanáticos en su respectiva presentación y consiguió ser tendencias en redes sociales, independientemente del resultado final.

Entre ellos vale la pena destacar a la joven Billie Eilish quien apenas a los 17 años y contra la opinión de sus heaters (con cada vez menos argumentos válidos) estuvo a la altura de la difícil tarea de cerrar un escenario. La sensación pop todavía es algo torpe en escena al intentar dinámicas con el público y tiene poca experiencia en festivales masivos; sin embargo, tiene un carisma enorme que vuelve algo tan trivial como golpearse la nariz con el micrófono un momento divertido. Una gracia de este tipo es algo que ni en sueños podríamos esperar del sándwich de pan blanco sin orillitas llamado…

Interpol, es sin duda alguna el ganador a el mejor acto del festival en un duelo que sabemos iba definirse entre ellos y The Strokes. El problema es que esta batalla deja un mal sabor de boca, al estilo de la peleas de Floyd Mayweather Jr. 

Paul Banks y compañía no necesitan de un show espectacular, habilidades teatrales, tener gestos con el público, tocar cover alguno, ni ninguna de esas cosas que hace la diferencia entre escuchar un artista en tu casa y pagar una entrada. El grupo se basta de su excelente repertorio y un “gracias México” repetido ad nauseam tras cada canción. En este sentido, Interpol es Mayweather, no corre riesgos donde no hace falta arriesgarse (La Cd. De México es la que más consume la música de los neoyorquinos en el planeta, le siguen Santiago de Chile y Guadalajara).  En pocas palabras para que la presentación fuera memorable solo tenían que pararse a tocar y ya.

Del otro lado de la moneda, tenemos a The Strokes, quienes a diferencia de sus paisanos, ni siquiera cumplieron el tiempo marcado en el horario. La diferencia entre ambos actos radica no solo que la responsabilidad de cumplir tiempos, sino  en la disposición. Mientras Paul “avena con agua” Banks trata de ser todo lo carismático que su parca persona le permite; Julian Casablancas luce cansado, pasado de tacos y tragos cuando está con The Strokes, pero al día siguiente es una fiesta con su –no tan interesante- proyecto personal, The Voidz, y dos días más tarde brincotea con Jack White y Raconteurs.

En resumen, quién pago soló por ir el domingo obtuvo más que el que pagó por el sábado.

Lo chocante de la décima

FACEBOOK / CORONA CAPITAL

El Corona Capital cada año se afianza como el más mediático del país. Debido a su trayectoria sorprenden errores de primerizos como el control de audio. Un festival de este calibre no puede permitirse un escenario con problemas de sonido toda la tarde. Este fue el caso del Escenario Doritos que era prácticamente inaudible tras la carpa de sonido y cámaras (30 metros) y que llegó a su punto más insoportable al matar la presentación de The B-52s al mermar más las voces del grupo de power pop incluso más que el paso del tiempo.

El sonido se vuelve un asunto especialmente delicado si hablamos de otro de los aspectos más nefastos del festival: la zona exclusiva para abonos VIP frente a los escenarios.

Dos días antes del evento, Corona Capital anunció a través de sus redes que el frente al escenario Corona Light habría una zona exclusiva para aquellos que tenían el abono Citybanamex Plus a partir de las 6:00pm (horario que no se respetó por cierto).

Además de ir en contra de lo que significa ir a un festival donde una primera fila se gana a base de espera y paciencia, representó uno los episodios de clasismo más whitexican en lo que va del año. No podemos negar que muchos festivales venden buena parte de sus estradas a través de una imagen aspiracional a sus asistentes (sobre todo el Corona Capital) pero cae en el abuso relevar al asistente promedio con su entradas normales, mas no baratas (sobre todo con el podrido sistema de fases), a una experiencia sonora menor; es decir, no puedes condenar a todo aquel que no puede permitirse pagar una estrada VIP a estar a 40 metros del artista donde el audio de otros actos se mezcla (sobretodo por la gula de instalar un quinto escenario), mientras al frente tienes apenas a un puñado de odiosos influencers sentados en el piso y más interesados en hacer una transmisión en vivo que en ver al artista (la imagen es antiestética para el artista en escena incluso).

El Corona Capital cumplió en cuanto a magnitud, pero en lo que respecta a actualidad quedó a deber. Los organizadores deben considerar si su evento a futuro va a crecer en cuanto calidad: más ecológico, propuestas musicales más actuales (más rap, más mujeres, más actos nuevos, más “inalcanzables”) y más entretenido (no solo activaciones de marcas); o si solo va a crecer en cuanto a tamaño: tres días con diez escenarios, Julian Casablancas reducido a un Leo Larregui internacional y más espacio para más mamadores de Polanco y la Condesa.

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The Strokes se volvió el Guns N’ Roses millenial

Hace un mes después del Festival Coordenada fui a cenar con unos amigos. En el puesto de comida nos topamos con un montón de señores que venían del concierto de Guns N’ Roses en el Estadio Jalisco. A oídas escuchamos toda su plática sobre la presentación de Axl Rose y compañía: “Ya el Axl no es lo que solía ser, ya está bien ‘botarga’” “No estuvo mal, si valió la pena ¿no?”, “Nada que ver con la vez que se presentaron en el ‘93”, “Chingue a su madre, a mí sí me gusto”.

                A manera de broma, mis amigos y yo nos pusimos a imaginar cómo sería cuando fuéramos a conciertos a los casi 50 y quién sería el Guns de nuestra generación, los millenials. Entre los candidatos estuvieron: Tame Impala, The Arctic Monkeys, Interpol, Franz Ferdinand, The Killers, Kings Of Leon y The Strokes (estimado chavorruco si se quiere ofender por considerar a estas bandas millenials, dese cuenta que el apogeo del grunge fue casi 25 años atrás y a principios de los 2000 su alma ya estaba atrapada en una oficina).

El Corona Capital nos dio un ganador

La primera señal de alerta debió ser la emoción que me provocó ver a los neoyorkinos como headliners del festival junto a Interpol, Franz Ferdinand, Billie Eilish, Keane, y Nick Murphy; todos ellos con material nuevo en los dos últimos años, a diferencia del hiato de casi siete años sin un álbum de estudio en forma por parte de Julian Casablancas y compañía.

La segunda señal debió ser el propio Julian Casablancas, quien no solo ya tiene una finta de haberse comido todas las donas y pizzas que dejó intactas Axl Rose, sino que para esta edición del Corona también agendó su proyecto personal: The Voidz. Más allá de discutir la relevancia musical de un grupo que solemos escuchar como placebo cuando no podemos tener a The Strokes en forma, es algo contraproducente cerrar un festival de esta magnitud y pretender estar al cien por ciento para volver a presentarte menos de 24 horas después.

Cuando les llegó el momento de cerrar la jornada de sábado en el escenario principal, los miedos se disiparon por un momento cuando temas como Heart in a Cage y You Only Lice Once sonaron. Aunque el abortagado Casablancas se veía lento al lado de un mejor conservado (irónicamente) Albert Hammond Jr., interpretó sin problemas otros hitos de la banda The Modern Age, Under Control, Hard to Explain y Reptilia.

Conforme transcurrió la presentación, The Strokes no dejó fuera nada que no formara parte su arsenal mayor: Someday, Is This It,  Juicebox y The Last Night (las tres últimas en encore) hicieron acto de presencia. Al final el saldo, pese a los veinte minutos faltantes previstos en el horario, fue de 18 temas.

¿Realmente hubo una deuda por parte The Strokes?

Aunque el número de canciones es normal para el estándar de festivales y no faltaron los clásicos; es comprensible la molestia del público en el Autódromo Hermanos Rodríguez, si consideramos  joyas en vivo que nos han dejado Foo Fighters, Robbie Williams, The Killers  y Jack White contra la lluvia. El sábado suele ser encabezado por showmen experimentados y el gordibueno Julian dejó una impresión incluso de estar en sintonía con Felipe Calderón en un acto de Margarita Zavala. La molestia no mermó al ver a Casablancas al día siguiente más bonachón y vivo en la presentación de The Voidz. ¿Será The Strokes solo el cochinito del cantante y su corazón su proyecto personal?

                Al final, con un par de amigos me encontré haciendo los mismos comentarios que ese grupo de cuarentones en una taquería: “Ya el Julian no es lo que solía ser, ya está bien botarga”, “Se pasó de lanza”, “No está tan mal ¿o sí?” (Esta última frase dicha con la convicción de quien bebe un envase de leche el día de su caducidad).

                La moraleja de esto es que no el tiempo no perdona ni a rockstars ni a fanáticos y que hay que aprender a vivir con ello de la manera más digna, o dicho de otra manera: cuando me encuentre en una taquería con otros cuarentones de aquí a 15 años después del concierto de The Strokes en el Estadio Jalisco, si nos llegamos a topar con un grupo de chavales que vienen de un festival de inteligencias artificiales no binarias que hacen trap, en lugar de escucharme decir: “Nada que ver con la vez que se presentaron en el Corona Capital en el 2019”, espero ser el sujeto alivianado que dijo sin pena: “Chingue a su madre, a mí sí me gustó”.

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Billie Eilish: el “Ok, boomer” a las convenciones del pop

Nota: Cada cita empleada en esta nota es una frase real escuchada por el autor.

“Es alguien a quien admiramos y creemos que está inspirando e innovando” dice Jack White antes presentar a Billie Eilish Pirate Baird O’Connell (es su nombre real) para grabar su álbum en vivo bajo el padrinazgo de Third Man Records, el sello discográfico del propio White y uno de los más respetados de la escena alternativa.

A la admiración del ex White Stripe por la joven de 17 años se suman la de artistas como: Elton John, Thom Yorke, Lana del Rey, Taylor Swift, Billie Joe Armstrong y Dave Grohl; la de la crítica especializada; y la de las generaciones Y y Z que se ven identificadas en la actitud y estilo de la cantante. Desde que consiguió su primer hit con Ocean Eyes, la artista pop alternativa no ha dejado de llamar la atención por una imagen dentro y fuera del escenario que contrasta con los lugares comunes de las estrellas pop jóvenes.

La chica rara con Tourette y pants

Cuando era joven, a Eilish se le diagnosticó síndrome de Tourette. Este desorden la volvió cohibida debido a las dificultades que provoca en la interacción social; por lo mismo, la tuvo que ser educada en casa. Bajo esas circunstancias, no tuvo más remedio que utilizar su tiempo en aprender canto, baile y a tocar múltiples instrumentos.

Tiempo después su hermano escribiría la ya mencionada Ocean Eyes, lanzada como un sencillo en 2016. A partir de este punto la cantante tendría una seguidilla de tres año de lanzamiento de sencillos y EPs sin que se concretara un disco en forma, aunque tuvieron el suficiente impacto para mantenerla vigente y generar expectativas de cara a su obra maestra.

When We All Fall Asleep, Where Do We Go? De 2019 no solo presentó una selección interesante de electro-pop con avant garde, sino que develó la nueva imagen de Eilish. Atrás quedó la niña que cantaba melodías rosas ad hoc con su imagen. La nueva Billie mostró una madurez creativa e ideológica poco común para una artista pop. En lugar de mostrar una sensualidad desbordada para dejar en claro que ya no era una niña (como pasó con las chicas Disney), tomó la imagen cringe de los artistas de trap que aunada a una actitud irreverente, presentó a la perfecta adolescente: rebelde, desinhibida, cautivadora para sus contemporáneos, detestable para las personas mayores.               

“Morra necesitada de atención”

Facebook / Billie Eilish

Contrastante con la buena recepción que ha recibido Eilish, está la opinión de sus detractores quienes la tachan fantoche, necesitada de atención y su música pobre. Está opinión no viene de un sector de la crítica, ni de un grupo de celebridades, y tampoco de los consumidores principales de contenido hoy en día (millenials y centenials); sino de público arriba de 45 años.

Aunque pueda haber excepciones a la regla, si uno se dirige con una persona de cuarenta y pico años, y trata de hacerle escuchar algo del material de la cantante puede que reciba comentarios como: “¿por qué se viste así?”, “Seguro es reggaetón”, “Soy el único que no sabe quién esta niña?”,“Ya no hay música que valga la pena” y cuanta frase cliché pueda esperar escuchar uno si le pone un disco de metal o rap a su abuelita. Al final de este ejercicio terminas sintiéndote como si hubieran confundido tu dibujo de una serpiente devorando un elefante con un sombrero.

Por supuesto la situación de Eilish no es distinta a la de la mayoría de artistas de menos de 35 (“Gretta Van Fleet solo le copia a Led Zeppelin”), a la de intérpretes mujeres (Revisen cuántos headliners femeninos  hay en los festivales en una época en la que las mejores propuestas son femeninas), o la de cualquiera que no interprete el rock, pop y rap con el que crecieron nuestros padres (“¿Qué es un Kendrink Lamar?”). Incluso si uno cae dentro de la gracia de este sector, la recompensa no es mejor, ¿recuerdan los fascinados que estaban los señores rockeros con The Warming? La banda de hermanas regias, de entre 12 y 15 años, que a mediados de los 2010 se volvió viral por tocar covers de Metallica y que motivo a cada chavorruco a decir: “El rock no ha muerto”, su música original no se compartió en FB con un soso “aún hay esperanza para la humanidad”.

A pesar de que no haya interés en este sector de edad por la música de Billie Eilish, si lo hay en otro aspecto de ella: su cuerpo y su sexualidad. La decisión de la cantante de mantener oculta su figura bajo capas de ropa holgada parece razonable al saber que en redes abundan los perfiles que cuentan los días para que ella alcance la mayoría de edad y sea “legal” (si necesitas una pausa para vomitar, aquí te espero).

Entonces las posibilidades que ofrece el público boomer y gen x para una chica de 17 años es ser una niña adorable que toca covers olvidables o una fantasía sexual inapropiada.

Contrataque

ESPECIAL

Bad Guy, la primera canción de su LP, fue el grito de guerra de la nueva etapa de Eilish. El videoclip que acompaña al tema comienza con la cantante diciendo incoherencias antes de aparecer ataviada con ropa holgada y empezar a bailar incómodamente. Una toma muestra a unos hombres gordos  de aproximadamente 50 años hacer un bailecito de papá (piensa en tu viejo en las bodas) de mala gana a ritmo de la canción. Otra toma muestra  a un grupo de jóvenes adultos en triciclo. El contenido semántico en esas imágenes es importante porque a través de ellas Billie hace una declaración de principios contra detractores y acosadores: “Si vamos a tener una conversación incomoda, no va a ser la que tú quieras”.

La ropa deportiva oculta la figura que anhelan ver los pervertidos que quieren verla “madurar”. Si esto no basta para matar el sex appeal, tal vez lo haga el movimiento desagradable de sus rodillas, su nariz sangrando,  su aparato dental o el baile de “niña fantoche”. Muerta la fantasía sexual, solo le queda a los señores “bailar” incómodamente la canción (algo que suele pasar entre hombres, si uno va a un antro, siempre puede encontrar al menos a sujeto heteronormado ad nauseam junto a la barra moviendo la cabeza al ritmo de un tema pop mientras sostiene su bebida, suele ser un acarreado de su novia o de sus amigas y preferiría estar en Chernóbil que ese lugar). Por otra parte, las imágenes de ella y otros jóvenes paseando en triciclo puede interpretarse como la imagen de infantilismo que tienen las generaciones mayores de millenials y centenials.

En un mundo en el que destacan las acciones de Greta Thunberg, Malala Yousafzai, Emma Watson, chicas con pañuelos verdes y diamantina, y otras voces jóvenes más, la propia Billie Eilish pelea desde la trinchera de la música con su discurso de aceptación personal y contra la cosificación de las personas. Ella sabe que hay una guerra por pelear contra quienes están más preocupados por si las películas de Netflix cuentan como cine y por cuánto gastamos en tostadas con aguacate, en lugar pensar en los problemas reales del mundo. Tal y como dice una de sus canciones: All the good girls go to hell ‘cause even God herself has enemies, jugar limpio no es una opción y antes de que el grito de guerra “Ok, boomer” hiciera su aparición, Eilish advirtió lo siguiente: “My turn to ignore you, don’t say I didn’t warn you”.

Presentaciones en México

  • 17 de noviembre, Corona Capital: Décimo Capítulo, Autódromo Hermanos Rodríguez, CDMX
  • 25 de mayo , Arena VFG, GDL
  • 27 de mayo, Palacio de los Deportes, CDMX

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La décima edición del máximo festival de música de otoño puso toda la carne sobre el asador para celebrar con su público. Su line-up muestra mucho músculo pop y brit rock sobre todo en los actos principales. Los diez nombres principales en el cartel ya son razón suficiente para justificar la compra del boleto: Weezer, The Raconteurs, Franz Ferdinand, Billie Eilish, The Strokes, Flume, Interpol, Keane, Chet Faker y Bloc Party (interpretando Silent Alarm completo). Una selección de artistas de estreno, miembros destacados de Billboard y favoritos del público mexicano.

A pesar de lo llamativo que resultan estos artistas, enfocarse solo en ellos es perderse de experiencias sonoras muy interesantes de la lista b. Pop, folk rock, dance, post punk, indie y artistas en su propio género son algunas de las cosas que pondrán a bailar y cantar al Autódromo Hermanos Rodríguez el 17 y 18 de Noviembre.

A continuación te presentamos una selección de artistas que podrían unirse a tu playlist si les das la oportunidad. 

Georgia

La nueva sensación del electro-pop ya se ha hecho de un nombre la largo alcance. La británica comenzó su carrera a cargo de las percusiones de de Kate Tempest y Kwes, y aunque su base es notable en las colaboraciones, su verdadero talento se reveló de verdad con su único disco: Georgia (2015).

Sin embargo, a pesar de que ese álbum debut dio muestras de las posibilidades de la artista en la escena dance, sería su EP lanzado este año, Started Out con el hit About Work The Dancefloor, el que la pondría como una de las artistas destacadas del 2019. Como nota especial podemos destacar sus remixes de Metronomy.

Si no tienes oportunidad de asistir este año al Corona Capital, descuida, Georgia también participará como telonera en el concierto que ofrecerán en conjunto Interpol y Franz Ferdinand.

Kurt Vile

La visita de War on Drungs el año pasado aunque satisfizo a los seguidores de la banda de culto, dejó entre el público la ganas de escuchar al hombre que junto con Adam Graduciel produjo uno de los mejores proyectos de indie folk de la década que agoniza.

Vile le ha dado una justificación a su carrera como solista a través del trabajo duro y constante que se ha traducido en ocho álbumes (incluyendo uno en conjunto con Courtney BarnettLotta Lice Sea-) en poco más de diez años.

Su último trabajo, Bottle It In ha sido bien recibido por la crítica y el público; además, sus sencillos: Loading Zones y Rolling With The Flow, recuperan la energía su más grande hit, Pretty Pimpin.

Noah Cyrus

Probablemente ya tengas esta presentación en tu agenda, aunque quizá lo hagas más por el morbo de ver a la hermana de Miley Cyrus (no es la otra chica que salía en Hannah Montana).

Aunque es un año prolífico para toda la familia Cyrus (nadie vio venir que el sujeto de  Achy Breaky Heart fuera a estar en la cima de los charts en 2019), la que ha pasado más desapercibida ha sido la que más méritos musicales ha hecho para volverse tendencia. Por supuesto debe ser difícil destacarse en un familia en la que tu papá es el mullet más famoso de los 90 y tu hermana mayor no se tira un pedo sin que Paper Magazine le dedique una nota completa.

Escuchen su presentación, ya sea por disfrutar del buen electro-pop que ofrece su álbum debut Good Cry, o para ver cómo se vería Billy Ray Cyrus si se hubiera gastado todas las ganancias de Achy Breaky Heart en skin care.

Phantogram

Trip Hop. No vale la pena ir a un festival pop que no te ofrezca la música más sensual de la Generación X. Este año ha tenido un segundo aire el género surgido entre clasemedieros londinenses y neoyorkinos. 

El grupo nos ha dejado abandonados desde hace tres años cuando lanzó su último disco y se ha dedicado únicamente a salir de gira; sin embargo, el año pasado el sencillo Someday / Saturday, cuyas ganancias se destinaron a la prevención del suicidio, volvió a poner al dueto de Sarah Barthel y Josh Carter en el mapa por unas semanas. 

When I’m Small e Don’t Move sonarán y créenos que son el complemento ideal para acompañar un rato de hedonismo a media tarde.

King Princess

Si hicieramos un lista de aspectos que debe poseer un artista para no volverse trascendental serían los siguientes: talento, una técnica depurada, amplio bagaje cultural, un mensaje relevante con su época y carisma. 

  Mikaela Mullaney Straus, mejor conocida como King Princess, es un cantautora y multiinstrumentalista que ha destacado por los mensaje de aceptación social, apoyo a las minorías, amor libre y empoderamiento femenino en su música. Este discurso llega a sus escuchas a través de una agradable mezcla de pop, R&B y funk derivada de la afición de Princess por artistas como Beyoncé, T. Rex, Nick Cave y Dolly Parton

Con solo un disco y varios sencillos desde su inicio en 2015, esta artista está mostrando el mismo éxito meteórico que en su momento tuvieron Sam Smith y Dua Lipa, ambos ex alumnos del Corona Capital y que en su momento fueron la revelación de una tarde de domingo para el público azteca.

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Years & Years

La próxima década da muestras de que mostrará un gran afecto por el synth-pop y en general por los artista que mezclen una base de sonido retro con una actitud millenial y centennial  (que ya no son son minoría y se llevan muy bien entre ellas). Years & Years tiene un pase de década asegurado gracias a que su sonido se apega a esta descripción.

Este es uno de los puntos más tramposos de la lista, ya que sin duda todos hemos escuchado alguna vez los hits King, Desire y If You’re Over Me; aun así, es probable que estén esa categoría de “canciones que has escuchado pero no sabes como se llaman”; cuando en realidad entre Communion y Palo Santo, los dos álbumes del grupo londinense, tienen mucho más que ofrecer.

Son los Pet Shop Boys del nuevo siglo y eso es decir mucho.

Cat Power

Con Cat Power se presenta uno de los sonidos más melodiosos y con una de las líricas más dulces. Con un sonido sadcore (les juro que así se llama el género) e indie folk, Charlyn Marie “Chan” Marshall, es de esas artistas que cuando toman una canción de otro músico y hacen un cover se la apropian, tal es el caso de Johnny Cash, Chris Cornell, Fiona Apple y Kurt Cobain. Si no creen vuelvan a escuchar I Found A Reason en la versión original de Velvet Underground y la de ella; reconozcan cuál de las dos les enchinó más la piel.

Difícilmente un concierto de 50 minutos le hará justicia a una trayectoria de diez álbumes, pero mientras dure, dejen salir los sentimientos a flor de piel, no importa si están solos o acompañados.

Bad Suns

Este line-up es carente de músculo y riffs de guitarra más allá de sus headliners, eso puede desanimar al que necesita energía en el sonido para despertar o al que se anima a aventarse el festival en jornada maratónica desde que arranca hasta que el último decibel sale de las bocinas. 

Para quienes gusten algo con más ritmo y una buena batería haciendo ruido, a las 3:00 pm. Bad Suns son unos aficionados del post punk y del power pop que le rinden tributo de buena manera a sus ídolos. Además este año vienen de estreno con el disco Mystic Truth, en el que se ve que los californianos ya han agarrado confianza para tocar con más fuerza y a mayor velocidad.

The B-52s

Si tienes menos de 30 años hay muchas razones por las que puede que no hayas escuchado a The B-52s, pero todas podríamos englobarlas en la etiqueta de “Cosas ñoñas de los 90 que no envejecieron bien”. Pareciera poca cosa pero esa es la diferencia entre tener que soportar a un insufrible U2 aferrado a lanzar un disco cada dos años y el poderoso post punk de la banda de Georgia, Estados Unidos.

No te garantizamos nada, pero con el gran historial que tienen tras de sí The B-52s y éxitos como Rock Lobster, Private Idaho, Love Shack y Roam, es probable que pronto vuelvas a escuchar de ellos como parte del soundtrack Stranger Things, una película de superhéroes o cualquier producto que quiera lucrar con la nostalgia (que no deberíamos sentir los millenials por una época que ni siquiera vivimos). Por ello, ¿por qué no decir que viste en vivo a la banda que toca esa canción en la escena en que Will Byers moja la cama por culpa de monstruos interdimensionales?

Sharon Van Etten

El de este año es un cartel dominado por mujeres (al menos antes de las 8:00 pm) y eso parece adecuado en una época en la que las exponentes femeninas, sin nada que perder, están haciendo todas las apuestas sonoras y han repudiado los lugares comunes.

Sharon Van Etten es esa guitarrista de folk rock y rock alternativo que se siente tan ausente este año; sin embargo, la fuerza con que toca éxitos como Seventeen, The End Of The World y Serpents, y su voz que no teme desgañitarse a medio coro, son la mezcla perfecta para mantener el ánimo antes de los actos principales.Remind Me Tomorrow, su disco de este año, también merece su atención en un año en el que el mejor contenido musical viene de la escena indie y alternativa.

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¡Larga vida al Corona Capital GDL!

La malaria que tiene Guadalajara en su escena musical es legendaria: malas decisiones de promotores, espacios insuficientes, falta de interés del público, y mucha mala suerte. El Corona Capital fue víctima de esto en su primera edición: venta de boletos lenta, quejas de vecinos por el ruido, y lo peor, perder a un headliner a menos de 24 horas. Esa edición y la continuidad del evento fueron salvadas por un show estilo Las Vegas ejecutado a la perfección por The Killers.

Los organizadores supieron que la segunda edición debía ser una declaración de compromiso con la Perla Tapatía. Este año presentaron el cartel más ambicioso haya visto en esta década la ciudad. Tame Impala, The Chemical Brothers, Yeah Yeah Yeahs, Phoenix, Dillon Francis y Chromeo como las cartas a jugar.

La respuesta fue la esperada: boletos agotados y multitudes peregrinando a la periferia de la ciudad mientras entonaban cánticos como si les hubieran prometido encontrar la salvación en la explanada del Estadio Akron.

Boy Pablo está niño

Estampa tapatía / TWITTER / @CCapitalGDL

El evento dio arranque con los acordes de Boy Pablo, el novato estrella del cartel, que en un año ha ganado un séquito global de fans que lo defienden a capa y espada. Su sonido pop folk con influencia de soul, le han ganado comparaciones con Mac DeMarco, algunas positivas, otras viscerales (la mía). El sueco chileno demostró que merece la oportunidad de ser escuchado un poco más y que podría ascender peldaños en futuros carteles.

La tarde avanzó y la tormenta de talento musical fue tan notable como la de polvo. La organización como de acto de buena fe y muestra de cortesía tapatía obsequió pañuelos a los asistentes, así como algunas bolsas de agua.

Más buen pop desfiló por la tarde con la presentación temprana Of Montreal, en la que el genio de Kevin Barnes deleitó con su presencia de astro cabaretero y su show que combina la sensualidad con la psicodelia.

Kimbra rugió y brilló con más fuerza que el infernal sol tapatío de mayo. Sin fanfarrias, demostró que las únicas maniobras circenses, pirotecnia y perfomance que necesita son las que hace su voz en el aire al entonar notas que los mortales solo podemos alabar.

Rhye le dió madurez al evento que estaba por alcanzar su máxima concurrencia con un R&B, que a diferencia del que hace en Estados Unidos, en lugar de tener como motor la pasión y la sensualidad, lo impulsa la melancolía del frío Toronto. El clímax de esa hermosa mezcla fue “Open”.

El Pop y tus padres

Increíble montaje del evento. TWITTER / @CCapital GDL

La división drástica del evento fue a las cinco de la tarde cuando lo más destacado del escenario Levi’s Tent arrancó con Goldroom. En otros lares sonaban Goo Goo Dolls y Christine and The Queens.

Si ustedes fueron por la nota cursi-irónica-morbosa con GGD, está bien, el corazón no sabe razones; sin embargo, se perdieron de la magnífica gala de Christine, quien además de una voz suave en francés. La cantante mostró en el escenario que su expresión corporal es capaz de entonar su propia música a la vez que ella canta sus éxitos “Christine”, “Comme si” y “Saint Claude”.

OMD dio la nota vintage acertada del evento (“Y Jesús dijo: ‘antes de que terminés este artículo, habrás insultado gratuitamente a los Goo Goo Dolls tres veces’”). Los pioneros del new wave ochentero se reencontraron con sus fanáticos casi 40 años después, así como con juventudes de geeks estudiosos del pop retro (les juro que este es un cumplido). Lo que empezó con la alegría de los acordes de Enola Gay dio paso a momentos de nostalgia más profundos y humanos. Al ritmo de Maid of Orleans el público mayor -de la edad de tus padres- se conmovió hasta las lágrimas con el épico valtz pop, así como tu lo hubieras hecho como Liability de Lorde, Lay me down de Sam Smith, o Yes, i’m changing de Tame Impala.

Phoenix siempre se cruza con algo

The Chemical Broters. FACEBOOK / @CoronaCapitalGDL

Guadalajara se deleitó con la visita de la primera heroína de los millenials, Karen O, y el grupo de culto, Yeah Yeah Yeahs. La cantante respondió a la pregunta: “¿cuál sería el soundtrack de una puesta de sol?” con la entonación de Zero. Como dice la canción,la noche comenzó mientras te ceñías una chaqueta de cuero y te preparas para bailar.

Phoenix continuó con la tarde convertida en velada. Se mostraron cercanos ante un público que les es tan familiar, como lo es el mexicano. Algo a destacar, es lo mal parados que terminan siempre los franceses en los horarios del Corona Capital. Lo usual es que por alguna razón quede la mitad de su show al mismo tiempo que el artista principal del evento y los pobres terminan medio abandonados. #JusticiaParaPhoenix #SiNoHayJusticiaParaPhoenixQueTalUnaGiraDe80ConciertosEnSolitarioPorMéxico.

The Chemical Brothers se llevaron la noche como la mejor presentación, no solo fue una revisión de clásicos del EMD y trip-hop, sino mostraron una maestría en la tornamesa que muchos djs monguitos de un solo verano nunca podrán tener. A eso hay que sumarle los épicos audiovisuales del show que combinan elegancia  y complejidad que los vuelven per se una obra de arte adicional.

A Tame Impala podríamos darle el premio al tercer mejor acto del Corona (por escribir esto acabo de recibir una carta de la presidenta de la Asociación Mundial de Chicas que dicen “Estoy loca”  en la que se lee: “Monst, este año ninguna de nosotras va a salir contigo, suerte siendo un cretino”). Kevin Parker y todas sus buenas intenciones cerraron el festival en el que 50 mil personas corearon con melancolía Yes, i’m changing, con arrogancia Elephant (la canción que uno debe escuchar mientras elige un outfit), con gallardía  Let it happen, y con coraje Apocalypse Dreams. Sin duda alguna, Parker es uno de los mejores letristas de nuestra generación.

El evento tiene garantizado gracias a este éxito una reedición por algunos años. Para volver alcanzar el hito logrado el sábado pasado, deberán combinarse el interés del público, el apoyo de autoridades, la voluntad de los artistas, decisiones inteligentes de los promotores, y la ausencia de Goo Goo Dolls.